Aborto sin eufemismos



Publicado el 20/10/2015
El proyecto de aborto que hoy se discute en la Cámara, lejos de su apariencia acotada a tres causales, apunta más bien a conseguir un cambio cultural necesario para avanzar hacia el real objetivo de aborto sin restricción, tal como ha ocurrido en muchos países. 
 
El Gobierno sabe que mayoritariamente los chilenos se oponen al aborto, y sabe, a su vez, que las hipótesis de tres causales distorsionan el hecho irrefutable de que el aborto sigue consistiendo en quitarle la vida a una persona, incluso en los casos de las causales planteadas.
 
 La mejor prueba del destino final del proyecto son sus fundamentos. Sostener que “el derecho de la mujer a elegir sobre su cuerpo” se circunscribe únicamente a ciertos casos y hasta las 12 semanas de gestación, es irreal. No hay razón lógica para delimitar dicho argumento sino hasta la última semana de embarazo, y más aún, quienes hablan de autonomía de la mujer, sabrán que el niño ya nacido genera responsabilidades naturales que redundan en menor independencia para la madre, al menos durante los primeros años desde el nacimiento, y nadie pensaría que la solución es matar al niño.
 
 ¿Qué tipo de legislación pone a una madre en la disyuntiva de terminar con la vida de su propio hijo? Sin duda una deshumanizada, una en la que prima el más fuerte, una que desprecia a los enfermos en vez de acogerlos, una que en vez de acompañar a una mujer violada, la empuja a terminar con una vida.
 
 Afortunadamente nuestra Constitución protege la vida en forma irrestricta y no distingue entre jóvenes y ancianos o entre sanos y enfermos. Protege la vida siempre. Y le da la tarea a la ley, de extender dicha protección a quienes están por nacer, dejando de manifiesto que gozan de la misma protección que el resto. 
 
 Así lo ha entendido la Corte Suprema, señalando en 2001 que “el que está por nacer -cualquiera sea la etapa de su desarrollo prenatal - tiene derecho a la vida, es decir, tiene derecho a nacer y a constituirse en persona con todos los atributos que el ordenamiento jurídico le reconoce, sin que a su respecto opere ninguna discriminación”, y agrega en otro fallo que “ninguna norma legal o contractual tiene preferencia por sobre este derecho constitucional”.
 
 El Tribunal Constitucional, por su parte, y con ocasión del debate sobre la polémica píldora del día después, se pronunció sin espacio para dudas, señalando que “el derecho a la vida asegurado en el artículo 19 Nº1 de la Constitución (...),  asegura  a  toda  persona - incluyendo al nasciturus - el  derecho a mantener la vida y a conservarla frente a los demás hombres”. 
 
A diferencia del debate sobre la píldora que consistía en si había o no vida al momento del suministro de la misma, el tema de hoy no pone en duda que el ser humano existe, sino que tristemente se refiere a si una persona tiene el derecho de quitarle la vida a otra. El proyecto, además, plantea una falsa solución a un hecho real: las mujeres al tomar la decisión de abortar, ya son madres. Por lo mismo, los efectos son irreversibles no sólo por la muerte del niño, sino también por la afectación de la misma madre que se dice proteger.
 
Quienes tenemos que tomar la decisión de aprobar o rechazar el proyecto, no podemos olvidar que por mucho que éste se maquille con tratamientos paliativos post aborto, la esencia del mismo es terminar con una vida, y eso no se puede aceptar.
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